Imagina que me pides prestados mis lentes. Esperas ver la realidad que yo observo, sin embargo te encuentras con figuras deformes, espacios nublados y oscuros que no te permiten determinar lo que ven mis ojos.

Piensas que me equívoco, que mi percepción retorcida me juega una broma eterna y por eso veo una realidad tan diferente a la que tu ves; por más que intentamos observar desde la perspectiva ajena vivimos en una complicada paradoja, sólo la intención no es suficiente, intentarlo con toda la disposición no es suficiente, nunca podremos ver la perspectiva ajena, nunca podremos ponernos en los zapatos del otro, porque jamás seremos el otro.

A veces pierdo la fe en la empatía que puedo sentir por otros o en la que alguien puede sentir por mi, cómo explicarle a mi mente lo que el otro ve, escucha, interpreta. Cómo dejo mi contexto y me adhiero al tuyo para tener tus relatos y acercarme a tu visión, cómo educó a mi vista para ver a través de tus lentes.

Me pregunto si la solitud es más pertinente que la compañía, cómo determinó si mi contexto puede acercarse al tuyo, entenderlo, empatizar. Quizá jamás pueda entender esa visión ajena, tu percepción nublados para mi vista y clara para la tuya,  ¿cómo nos ponemos de acuerdo?

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