Visión ajena

Imagina que me pides prestados mis lentes. Esperas ver la realidad que yo observo, sin embargo te encuentras con figuras deformes, espacios nublados que no te permiten enfocar lo que ven mis ojos, entonces piensas que me equívoco, que mi percepción retorcida me juega una broma eterna y por eso veo una realidad tan diferente a la que tu ves.

Por más que intentamos observar desde la perspectiva ajena vivimos en una complicada paradoja, solamente la intención no es suficiente, intentarlo con toda la disposición no basta, nunca podremos ver la perspectiva ajena, no podremos ponernos en los zapatos del otro, porque jamás seremos el otro.

A veces pierdo la fe en la empatía que puedo sentir por otros o en la que alguien puede sentir por mi, cómo explicarle a mi mente lo que el otro ve, escucha, interpreta o cree. Cómo dejo mi contexto y me adhiero al tuyo para tener tus relatos y acercarme a tu visión, cómo educó a mi vista para ver a través de tus lentes.

Me pregunto si la solitud es más pertinente que la compañía, no me fío de la costumbre para dejar mi individualidad y compartir mi vida. Cómo puedo acercarme a tus enfoques, entenderte, empatizar contigo.  Entonces, ¿cómo nos pondremos de acuerdo?

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Un comentario

  1. No siempre es fácil empatizar. Cuando se me hace muy cuesta arriba, intento imaginarme a la persona en cuestión como un niño, tal y como fue de niño, de imaginarme su vida, sus frustraciones y sus heridas; así se empatiza mejor y hasta se simpatiza.

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