Hace unos años me sabía los cumpleaños de todos mis amigos, después Facebook comenzó a recordarme el de todos. Amigos cercanos, familiares, conocidos y hasta desconocidos fueron felicitados, casi sistemáticamente escribía una pequeña felicitación para cada persona que esta red social me recordaba.

Mi primer cambio fue utilizar esta bonita conmemoración cibernética para identificar aquellos contactos a los que nunca voy a volver a ver y que en cierto nivel de inconsciencia decidí sumarlos a mi cuenta como “amigos”. Así me deshago de desconocidos.

El segundo paso fue dejar de felicitar, decidí que si quería desearle feliz cumpleaños a alguien podría hacerlo de forma más personal con una llamada o un mensaje privado. Ese año no felicite a nadie, utilice la red social únicamente como agenda que me recordará esos momentos, me di cuenta de que mi memoria no estaba tan empolvada, empero estaba en desuso.

Muchas de las llamadas que realice ese año fueron a personas que no tienen redes sociales por lo que mi agenda no fue tan útil. Entre más amigos marca mi cuenta, menos amigos frecuento. Reduje mi circulo social, no porque odie a la gente y me este convirtiendo en ermitaña, solo me di cuenta de que la gente a la que quiero y se alegrará más de escuchar mis felicitaciones no necesitan redes sociales para estar cerca de mí.

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