Hoy compre unas botas… hermosas, grises, altas, para la lluvia; unas hermosas botas Hunter.

En Guadalajara llueve, y con muchas ganas, cuando comienza la temporada de lluvia el embriagador olor de la ciudad inunda a todos los tapatíos y se convierte en un tema trillado, pero así somos los tapatíos: de tradiciones.

De junio a octubre la lluvia nos puede sorprender en un día muy caluroso y quizá durar cinco días enteros [lenta, pero minuciosa, a lo que los tapatíos llamamos “el clima de Londres”]  o cinco escasos minutos, como si fuera a caerse el cielo, para escampar en un soleado día de verano.

Sin embargo estas botas nada tienen que ver con el clima o el temporal de lluvias; estas botas tienen que ver con ser feliz, con complacerme y cerrar círculos.

Se aproxima el cumpleaños de mi hijo y me remueve las emociones del embarazo, ese momento en el que decidí complacerme y volver a ser persona. Impulsada por la maternidad deje la comodidad de mi matrimonio porque la dignidad es más importante.

Antes de eso viví tres años en un angustioso letargo, no he logrado comprender cómo termine en medio de ese asunto, lo que si comprendo es que necesitaba tocar fondo para poder crecer y reconocerme nuevamente.

Estas botas representan lo que no pude tener cuando vivía un “matrimonio perfecto”, mi marido me daba todo, todo lo que él quería. No tenía que mover un dedo para tener una casa, auto, viajes, fiesta, comidas, gustos y lujos… de hecho ese era el precio, no tener que mover un dedo si no me lo pedían, no poder decir una palabra si no era lo que querían escuchar y no poder decidir ni sobre los zapatos que quería usar.

Como una “buena esposa”, pedí una y otras vez mis botas,  pero no cumplían los requisitos del señor de la casa, por lo que el gusto tuvo que quedarse en un cajón, el de los sueños olvidados.

No quiero dar la impresión de que todos mis sueños son así de superficiales, estas botas son un símbolo. Al comprar estas botas me sentí feliz, puedo y quiero decidir sobre mi vida, cada aspecto es sólo responsabilidad mía y lo disfruto enormemente, que importa si son las botas o las metas a largo plazo, todas esas decisiones sólo son mías.

 

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