Extrañamente hoy no quiero correr a tus brazos,  si no justo en sentido opuesto.

Mi corazón empeñado en amarte me retiene en un estado etéreo, como en medio de un sueño que se está tornando pesadilla. La zozobra cubre mis días con tu ausente presencia, pero el corazón sabe lo que quiere y me impide correr. Ojalá la razón y la coherencia hagan golpe de estado y se apropien de mis decisiones, de otra forma no veo como podre levantarme mañana.

Sólo quiero correr, basta de enfrentar la vida con el afán de mis emociones.
Hoy prefiero ser cobarde y correr en sentido opuesto a nosotros.

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