Tanto que intentó evadir lo que siento y parece que me empeñó en mantenerlo presente.

Ensimismada en el trabajo, la lectura, la intenert y ahora en series que me saquen una sonrisa. Y qué me encuentro, pues nada, una mujer que está en las mismas faenas que yo.

La gran diferencia es que en los cuentos de hadas los príncipes se deciden a presentarse y en mi historia parece que me orillan a buscar hscer permanente está solitud que ya parece costumbre arraigada y difícil de sacar de encima.

Lo que no me ha gustado de esta introspección y solitud es que mi pobre hijo se ve afectado por mi desinterés por la vida y las lagrimas que ansio ocultar del mundo, en ocasiones me doy cuenta que también lo estoy excluyendo.

Interesada en no pensar en el amor, más específicamente el desamor, empezaré a distraerme en actividades propias de una abnegada madre, que no será tan difícil pues ser madre es lo único que tengo y es lo que me sostiene para no cometer una locura o perder la razón.

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