Una que otra noche me encuentra sentada aquí, llorando.

Sin un por qué,  sólo llorando a caudales como si desde mi quebrantado espíritu surgiera un manantial salado.

Ya no se si quiero que se extinga esta agua que limpia mi alma de tristezas y amargura, es quizá la responsable de que una que otra mañana despierte optimista, obtusa e ingenua, creyendo que será el mejor día.

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