Lamento tanto que estés asustado, porque te mantiene alejado de la maravilla que nos dio la vida. 

Después de mucho enojo y emociones encontradas, me doy cuenta de lo asustado que estas, el miedo te detiene de forma alarmante. Te alejó de mi durante la gestación de este milagro y durante estos 3 años de aventura, te ha aislado aún más. 

Al igual que tú, tengo miedo, creo que todas las madres y padres tenemos constantemente este sentimiento, no estamos seguros de si el mundo es o será el especial ideal para nuestro retoño, no tenemos la certeza de que las decisiones que tomamos son las mejores y nos paraliza la idea de cometer los mismos errores que criticamos por años o que vivimos en la infancia. 

Yo soy valiente. 

Enfrentó la vida de forma gloriosa. 

Disfruto de mi hijo brincando en charcos de lodo y corriendo bajo la lluvia. Lo dejo que traspase los límites y también le establezco los que creo que son importantes para su seguridad o mi paz mental. 

Despierto cada mañana con ganas de vivir la experiencia al máximo. Me canso y lo admito. Me siento sola, lloro y después me limpio la cara para seguir adelante sonriéndole a la vida y en especial a mi hijo. 

Me equivoco todos los días, pero eso es lo que me hace sabía y grandiosa. Me vanaglorio de eso, porque a pesar de todos mis miedos, pretenciones y expectativas me considero una gran madre, una gran mujer. 

Recuerdo que temia ser aprensiva y no dejar que mi hijo respirara. Vencí el transtorno obsesivo compulsivo que comenzaba a manejar mi vida en mis veintes, así que en estos tempranos treintas soy una mujer muy libre y feliz. 

Con la libertad viene la soledad, pero la asumo con gusto porque la elegí sobre la comodidad del machismo. 

Hoy hago oración por ti. Espero que tu espíritu se fortalezca para que te permita ser el padre que mi hijo merece y vuelvas a estar presente en su vida. 

Te mandamos luz 

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