La divorciada. Hace menos de cincuenta años está etiqueta era un tabú, denigraba a la mujer, un estigma que perjudicaba su desarrollo social, repudiada entre sus familiares y amigos, como si fuera una enfermedad y no un estado civil. “Ya me entere que tu amiga Susana está divorciado, no te vaya a pegar sus malas ideas”.

Ahora “La Divorciada” tiene muchas caras, para algunas la mujer valiente que decide enfrentar al mundo y no dejarse pisotear por una relación destructiva, la amiga que no encaja porque no tiene pareja, la que es normal, común y silvestre porque su estado civil no afecta su compañía y tristemente lo más común entre las amigas. (El número de divorciadas con las que me relaciono me alarma).

Creo que en la relación mujer-mujer, es irrelevante, las redes sociales nos acercan para echarnos porras y darnos apoyo en estas situaciones que conllevan el divorcio.

Me alegra esta conexión con mujeres desconocidas que pasan por lo que ya viví, porque me permite ser o que yo necesitaba, un apoyo moral, alguien que lo viera desde su experiencia y me dijera que voy por buen camino. Siempre tuve apoyo de mi familia y amigos cercanos, pero en ocasiones dudo que entiendan la situación desde todos sus ángulos, me angustiaba sentirme distinta, tan sola por ser la única que había tomado la decisión de estar sola con su hijo.

Es curioso, ahora el divorcio es el conducto por el que puedo brindar apoyo a otras mujeres, jamás creí que saldría algo así de bueno de tan penosa situación.

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