Tanto sentido me hacen estas palabras, después de años y años de que el mar me mueva a su antojo, llega mi ancla y motor en un mismo empaque, este precioso niño que me hace lavar sabanas día y noche, desvelarme jugando o sólo observando su respiración al dormir.

Gracias amigo, retratas mis emociones de forma hermosa, te guardo un espacio especial en mi corazón.

Alfredo Cervantes Guzmán

Cada noche volvía al mar, a bordo de su pequeño y frágil bote. Navegaba sobre fuertes olas que pretendían volcar su navío, hacerla perderse para jamás volver, hundiéndola sin posible retorno.

El mar de lágrimas nocturnas la hacía recordar, evocar a la nostalgia y empaparse de momentos que jamás volverían; se sentía rota, atorada en un círculo vicioso de emociones, sin poder respirar, ahogándose en pensamientos locos llenos de ausencia. Un mar de vacío, desbordándose por sus ojos, dejándolos vacíos, sin ganas de volver a abrirse en cuanto sale el sol…  pero es justamente en ese momento, cuando el pequeño y frágil bote arriba al puerto, que está lleno de luz.

La luz más brillante que ha visto jamás, una luz radiante de alegría, una luz llamada “hijo”. La sonrisa de su más grande logro es el puerto en el que puede anclar cada mañana

Esa brillante y cálida luz…

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