De lo profundo de mi corazón emerge la tristeza del abandono, me atormentan los recuerdos y las oportunidades perdidas.

Me atormenta pensar en las decisiones no tomadas, en los hubieras que no tiene caso repasar y aunque hago consciencia de lo ya no puede ser, mi corazón se detiene por instantes ahogado en soledad y desdicha.

Que fácil es juzgar desde lejos una situación, que fácil decirle a alguien te sucede esto porque tu lo permites. No se que tanto lo permito, pero estoy cansada de nadar contracorriente, mis brazos están cansados de pelear por alcanzar la orilla y de sorbo en sorbo se me ha terminado el ahínco por vivir y ser feliz.

Quisiera soltarme, dejar que me lleve el cause, ahogarme sin pensarlo, pero el ancla que me mantiene en esta vida es muy grande, me asusta afectar a inocentes con esta angustia que carcome mi espíritu.

Las palabras se acercan a mi con un abrazo que me contiene, al escribir mis lágrimas se van secando, el caudal del río cede un momento para darme calma, para que tome fuerzas. Para qué no me ahogue.

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