Ayer fui a una fiesta infantil y me sentí celosa y conmovida por la misma situación.

Un buen amigo fue con su pequeña hija, porque mi amiga, su esposa, acaba de tener bebé y no podía ir, desde que llego a la fiesta no se sentó en un sólo momento por jugar y atender a su princesa.

Amo esa imagen del papá tierno y amoroso que juega con su hijo sin importar el calor, los compromisos o el qué dirán. Anheló ese hombre en mi vida, con el que pueda compartir momentos especiales como una tarde en el jardín o la risa contagiosa de mi hijo.

Me sentí celosa de no tenerlo, pero increíblemente feliz porque sé que este hombre hace feliz a una gran persona, que a pesar de los desacuerdos cotidianos, existe el punto medio y el amor gobierna sus decisiones. ¡Qué bendición poder tenerlos en mi vida!

Quizá en la siguiente ronda de cumpleaños pueda decir lo mismo de mi pareja.

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