Ya no se sí te extraño o me siento sola, sigo en este círculo vicioso de emociones, mi depresión postparto ya parece crónica.

Estoy como rota, el dolor me inunda y no me deja respirar, llegan a mi estos pensamientos locos, sólo quiero detener el dolor de la ausencia. Quiero desterrar este vacío en medio de mi. Mi alma esta herida, rota sin remedio.

Quién podría predecir que la felicidad de ser madre, causara tanto dolor y hastío, que el amor con el que concebimos se haya borrado y ahora sólo queda el olvido, la resignación aún no aparece.

Por las noches es más difícil controlar este impulso por llorar y llorar y llorar, procuro no hacerlo, pero una vez q comienzo no lo puedo detener, el mar de mi vacío se desborda en mis ojos, me punza la nada en medio del pecho como en un ataque de ansiedad. En la medida que el mar sale de mi, me invade una pacividad angustiosa, no puedo moverme, no quisiera levantarme el día siguiente, ni nunca más. No quisiera abrir los ojos a la realidad.

Al llegar la mañana mi bebé me sonríe mostrando sus dientes. Rueda por la cama hasta que su energía despierta a la mía. Me besa los ojos quitando cualquier indicio de lluvia y desdén. En ese momento brinco de la cama impulsada por lo único que me mantiene consciente, aprovecho esa fuerza para sonreírle y acariciar su cabello, en sus ojos no hay un mar, sólo puedo ver el resplandor del amanecer y abrir los ojos a la vida un día más.

Me pongo de pie hasta que en otra noche me encuentre desprevenida y vuelvan a invadirme estos oleajes de soledad y tristeza.

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