Una vez estuve enamorada, pensaba en él sin descuidar lo importante, a su lado aprendí a tener esperanza y comencé a soñar con una familia y ser mejor persona.

Conforme pasaron los días el amor cambiaba, llegamos a ser grandes amigos, ajenos a las pasiones que deben tener las parejas, nuestros amoríos se llenaron de melancolías.

La culminación de ese amor fue el pretexto ideoneo para la inspiración, motivo de un gran número de cartas, entradas de este blog y el ideal añorado por un espíritu que se empeña en tristear, un desazón que no pierde ocasión para instalarse en mi corazón.

A pesar de las lágrimas, el desamor dejó un hermoso legado. Después vino este amor desmedido, pasión desbordante e insensatez absoluta,los excesos emocionales llenaron mis días desdibujando mi ser, pronto me encontré sin tiempo ni musas para escribir, pintar o crear.

Acaloradas emociones que iban del amor desgarrador al arrebato adolescente nublaron mi razón, sin saber cómo me envolví en una relación desgastaste, pero muy excitante. Noches en vela. Días apasionantes. Desbordante pasión.

En un parpadeo estaba casada, embarazada, separada y ahora a punto del divorcio y madre soltera. Esta caída no trajo musas, ni poemas o llanto melancólico, empero un dejó un dolor inmenso en medio del pecho.

Quise obligarme a escribir, pero no hubieron palabras que aliviaran el dolor que se instaló en mi alma. Ahora las cosas han progresado, renacen las ganas y se renuevan las sonrisas.

Me ha tomado más de un año ponerme en pie y, aunque aún lloro esta ausencia por las noches, mis mañanas son más soleadas.

Agradezco a Dios y a la vida por mantenerme a flote. Estoy segura que llegará el momento en que el consuelo sea completo, se irá el dolor y sonreiré al recordar a este amor que me dejó lo más valioso en mi vida.

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