En innumerables ocasiones nos lamentamos por lo que somos, tenemos o queremos.

Si nuestro cabello es ondulado lo queremos lacio o si nuestros padres muy amorosos, los queremos lejos o un sinnúmero de ejemplos que van de lo más banal a lo más profundo, incluso algunas de estas inconformidades pueden llevarnos a patologías que cambian drásticamente el rumbo de nuestras vidas.

Aprender a ser feliz con lo que tenemos es muy complicado en ocasiones porque la evolución es parte indispensable de nuestro desarrollo como personas, desde una perspectiva menos optimista está relacionado con nuestra inseguridad, miedos y frustraciones más que con nuestra ansia por alcanzar la trascendencia. Es en esta segunda visión en donde realmente es un problema mayor.

En el sentido de mi terapia tiene más que ver con reconocer lo que ya tenemos y no buscarlo en algo o alguien más porque no estamos de acuerdo con lo que es. Quizá nuestras familias no son lo que quisiéramos y nuestros padres no nos dieron lo que nosotros hubiésemos deseado, entonces comenzamos a buscar que alguien más nos brinde apoyo, le asignamos a una persona diferente obligaciones que su rol no tiene.

Creo que tiene una relación muy estrecha con la forma en que vivimos en pareja. Si tuvimos un padre ausente podríamos buscar una pareja que siempre esté presente y nos brinde de lo que carecemos. Decepción, codependencia, roles fuera de lugar, frustración, expectativas inalcanzables (y un montón más) será lo único que sacaremos de este esfuerzo.

Nuestros padres son los únicos que pueden tener ese rol, si se le pedimos a alguien más que lo desempeñe no estaremos cumpliendo con nuestra parte en la responsabilidad de ser felices.

Agradecer a la vida lo que nos ofrece no es una tarea fácil, pero si nos ponemos como meta hacerlo cada día, podremos llegar a ser consientes de lo que tenemos y seguir adelante ante cualquier adversidad.

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