Es para mí imposible pensar en esas cosas que me gustan sin que llegues a mi mente, construimos un mundo para nosotros en donde cada cosa tenía un significado para los dos, cada pequeño detalle era un mundo de pensamientos y sueños compartidos.

Ahora al honrar mi pasado, al traer el indigenismo a mis palabras y a mis acciones te veo a ti como una sombra que no quiere irse, como un gran árbol que protege mi rostro del sol, pero vuelve mis días grises, sin luz.

Me gustaría que perdieran sentido todos esos momentos, todas esas ideas, todo. Me gustaría construirlos nuevamente como propios, como tirando una casa para construirla piedra por piedra nuevamente, pero sin la esencia de la primera edificación.

Entonces me propongo olvidarte y por varias semanas cierro ese capítulo en el libro de mi vida y no te veo más, el sol llega como un resplandor y quema mi rostro que no está acostumbrado a disfrutarle. Me asusta esa idea y busco en lo profundo lo que queda de ti, eso que es casi nada porque nos hemos empeñado en olvidarnos, porque cada que hago ese ejercicio de abandono te pierdo un poco más.

Habrá un día en que abra los ojos y no estés más, tu recuerdo ya no pertenecerá a mi, ese día podremos ser amigos, podremos encontrarnos nuevamente en el camino de la vida y empezar a construir otra casa en la ciudad de la vida.

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